UNA VISIÓN MÁS AMPLIA DEL EJERCICIO
Por Roberto D. Maragó

Si hay algo que aprendí en todos estos años, es que el conocimiento, el verdadero conocimiento, aquél del cual podemos hacer un perfecto uso práctico, es adquirido en pequeñas dosis. Y siempre se llega hasta él atravesando un largo, penoso y doloroso camino: el de la equivocación permanente.

Al principio, mi relación con respecto al ejercicio se basaba en una cuestión netamente personal; jamás había pensado en escribir artículos y libros sobre el tema, o que existieran personas como vosotros que se interesasen en leerlos. Y asumiendo mi total desconocimiento, dejé que otros que se supone que sí sabían de ejercicio, me guiaran en la programación de mi entrenamiento. Con el tiempo, dándome cuenta que algo no funcionaba, comencé mi investigación. ¿Por qué razón mis músculos se negaban a crecer, si seguía las instrucciones del monitor al pie de la letra? Seguramente mi genética no era ni es la mejor. Pero por qué no progresaba ni siquiera un mínimo, si estaba en el gimnasio seis días a la semana durante dos horas cada vez. Y así comencé a preguntarme: ¿Cuál es la mejor forma de ejercicio para el crecimiento muscular y de la fuerza?
Afianzado luego en mi carrera, conocí gente bastante importante en el campo de interés que me ocupa. Personas con el conocimiento suficiente como para evaluar mi propio conocimiento. Todas fueron muy amables al contestar mis cartas o llamadas telefónicas, incluso he tenido la oportunidad de conocer personalmente a algunos de los más destacados fisiólogos expertos en ejercicio. Y puedo decir que la mayoría de ellos son honestos; es decir, creen en sus propias palabras. Pero ahora, varios años después, estoy en posición de decir que ninguno de ellos tiene la menor idea en lo que al ejercicio productivo se refiere. Más aún, ni siquiera están enterados de la existencia de las leyes más básicas de la física; o mejor dicho, sí están enterados de su existencia, pero no pueden, no quieren, o no están interesados en comprender el papel que cumplen en un buen programa de entrenamiento. Incluso parecen no preocuparse por los principios de la fisiología implicados; limitándose en su trabajo a investigar detalles secundarios como la actividad eléctrica de los músculos. ¿De qué sirve saber el nivel de actividad eléctrica en un músculo si no sabéis cómo hacer para reclutar todas las fibras disponibles en un movimiento? Así, durante los últimos treinta años han aparecido toda una serie de teorías absurdas que no sirven a ningún propósito. Como una inevitable consecuencia, se practican desde hace bastante tiempo unos programas de entrenamiento y procedimientos de rehabilitación, que se encuentran en algún punto entre lo inútil y lo criminalmente peligroso. En efecto, prácticamente todos los procedimientos modernos de rehabilitación como la aplicación de rayos, electro terapia, masajes, etc., son completamente inútiles. Sirven solamente para quitaros el dolor temporalmente, pero no solucionan el problema. Para ponerlo en otras palabras, la recuperación se produce a pesar del tratamiento y no como consecuencia de él.
Yo no inventé las leyes de la física, tampoco las leyes de la fisiología; pero por lo menos me doy cuenta de su existencia.
En vez de negarlas, he tratado de comprenderlas para utilizarlas provechosamente en la diagramación del mejor programa de entrenamiento posible. Y aunque no soy el primero en valerse de estas leyes (Arthur Jones y Mike Mentzer lo hicieron antes que yo), sí puedo asegurar con cierto grado de certeza que soy el único hispano parlante que lo ha hecho. Si existe alguien más, sencillamente no lo conozco. Pero si alguno de vosotros conocéis a alguna persona que lo haya hecho, os agradecería infinitamente que me contactarais con ella.
Comprender las leyes de la fisiología es un requisito fundamental para comprender los mecanismos de adaptación del cuerpo humano. Y comprender las leyes de la física es un requisito fundamental para comprender la función muscular. Porque la función muscular se ve afectada por la fricción, la gravedad y la energía almacenada. Pero qué significa en realidad comprender la función muscular. Sencillamente eso; entender la forma en la cual un músculo hace su trabajo. Y el primer paso que debemos dar en tal sentido, es analizar la forma del músculo.
Así es, la forma geométrica del músculo puede explicar muchas cosas, por lo menos desde el punto de vista mecánico. Los músculos son amplios en su sección central y delgados y alargados en sus extremos. Aunque más delgados en el extremo final hacia la zona de inserción, que en el extremo inicial, hacia la zona de origen. Presentando un notable parecido al casco de un submarino nuclear moderno. La amplitud de la sección central indica claramente que un gran número de fibras, o tramos de ellas, se concentran en dicha zona. Cuando un músculo está completamente extendido, alcanza su mayor longitud posible; y en esa posición, por supuesto, no hay contracción. Cuando un músculo está completamente flexionado, alcanza su menor longitud posible; y en esta posición, la contracción alcanza el 100 % de su capacidad. Sin embargo, esto no significa que todas las fibras disponibles estén contraídas; para ello, es necesaria una resistencia suficientemente pesada que lo requiera. Pero independientemente de esto, sabemos ahora que en la posición de extensión, ninguna contracción es posible; y que en la posición de flexión la contracción alcanza su punto cumbre. Ahora, ¿qué parte del musculo esta contraída a mitad de camino entre la total extensión y la total flexión? Las fibras ubicadas en el extremo final de un musculo, son las primeras en ser llamadas al trabajo al inicio de un movimiento en contra de una resistencia. Pero siendo el extremo final la parte más delgada del musculo, muy pocas fibras pueden ser reclutadas para iniciar el movimiento. Y a medida que el movimiento avanza, una mayor cantidad de fibras pueden ser llamadas al trabajo; siempre que exista una resistencia que lo requiera. Entonces, la contracción muscular es PROGRESIVA. Se mueve progresivamente desde el final hacia el inicio del musculo; o, en otras palabras, la contracción comienza en la inserción y va paulatinamente hacia el origen. Así, un musculo puede trabajar por completo solamente en una posición, la de contracción máxima; y para ello, se necesita una resistencia que permita alcanzar dicha posición. Los músculos trabajan de esa manera, y no pueden hacerlo de otra. Y si trabajaran de otra manera, entonces, la forma geométrica de los músculos es absurda. Y, siendo las cosas como son, para obtener un trabajo completo de parte del musculo, una resistencia progresivamente variable es necesaria; una resistencia que cambia en justa concordancia con la capacidad de reclutamiento de las fibras individuales del musculo en ejercicio.
Sin embargo, la capacidad de un musculo para generar potencia; una potencia suficiente como para producir una fuerza que le permita superar una resistencia, sufre los efectos de la fricción. Y puesto que la mayoría de la gente, incluyendo los expertos, ni siquiera esta enterada de que el musculo tiene fricción, una explicación aclaratoria se hace necesaria.
Como expliqué en un articulo anterior, todo objeto del universo que tenga masa y movimiento también tiene fricción. Que produce efectos negativos en la parte positiva de los movimientos y efectos positivos en la parte negativa de los mismos. Así, el torque muscular es igual a la fuerza positiva MENOS LA FRICCION si estáis levantando un peso; e igual a la fuerza negativa MÁS LA FRICCION si estáis descendiendo un peso. Pero no tiene ningún efecto si estáis sosteniendo un peso en cualquier punto del recorrido, porque en este caso no hay movimiento; y si no hay movimiento tampoco hay fricción.
La gravedad es otro factor de influencia, porque actúa sobre la masa del cuerpo y de la parte corporal en ejercicio. Por ejemplo, en la sentadilla, deberéis colocar una barra pesada sobre vuestros trapecios; y el peso de la barra ejercerá una presión sobre vuestra columna vertebral aunque no hagáis movimiento alguno. Y la presión surtirá un amplio efecto en la parte lumbar de la columna. En una maquina de sentadilla bien diseñada debéis estar en posición acostado, con el torso firmemente apoyado en un respaldo casi horizontal. Así, la gravedad no afectara vuestra columna vertebral y mucho menos la zona lumbar de la misma. Adicionalmente, tampoco soportareis una gran presión en las rodillas; entonces, todo vuestro esfuerzo se concentrara en la producción de la mayor intensidad posible durante el ejercicio.
Volviendo un poco atrás, debería estar aclarado que es imposible que todas las fibras disponibles de un musculo en ejercicio se contraigan al 100 % de su capacidad en otra posición que no sea la de máxima contracción; tanto del musculo como de su parte corporal relativa. Y para que esto sea posible, la resistencia aplicada debe ser lo suficientemente pesada como para requerir el reclutamiento de todas las fibras disponibles en esa posición. No obstante, al mismo tiempo, la resistencia tiene que ser lo suficientemente liviana como para permitiros alcanzar la posición de contracción máxima. Pero, no podréis alcanzar con efectividad la posición de contracción máxima, si vuestro cuerpo se encuentra en una postura equivocada.
Todos los cuerpos que se estiran o comprimen ofrecen resistencia; y ofrecen resistencia porque contienen energía almacenada. Muchos fabricantes de equipo para ejercicio pasan por alto esta situación, posiblemente, porque ni siquiera están enterados de ella. El sillón de extensión de piernas es el caso más claro para ejemplificarlo. Sentaos en una silla con vuestro torso completamente erguido; el torso con relación a los muslos debería formar un ángulo de 90°, inclinaos hacia delante para formar un ángulo de 45°. Ahora, extended la pierna derecha; veréis que no podéis hacerlo. Volved entonces a la posición de 90°, tratad nuevamente de extender la pierna derecha. Una vez más, no podréis hacerlo; a menos claro, que alguno de vosotros sea Alexander Godunov, pero no lo creo. ¿Y por qué creéis que no podéis extender la pierna en este caso? Porque cuando el ángulo entre el torso y las piernas es de 90°, los músculos de la parte posterior del muslo se estiran y ofrecen una resistencia opuesta al movimiento que intentáis realizar; impidiendo la extensión total de la articulación de la rodilla. Así, los cuadriceps no pueden alcanzar jamás la posición de contracción máxima. Un sillón de extensión de piernas bien construido, debe tener un respaldo en un ángulo de 120°. En ese ángulo, los músculos femorales se relajan, permitiendo a los cuadriceps alcanzar libremente el punto de contracción máxima.
Seguramente, algún fabricante de equipo tomará esta idea para implementarla en sus maquinas. Pero no me preocupa; porque seguramente, no conoce los principios fundamentales implicados en la fabricación de equipo para ejercicio. Además, la geometría general de las máquinas no debe ser arbitraria; no debe ser un simple arreglo de partes ensambladas. Debe ser la correcta, para evitar cualquier posibilidad de resistencia errática; la cual, puede comprometer su función. Desde la construcción del primer submarino, La Tortuga, se han hecho grandes adelantos hasta la fecha. A tal punto, que se ha pasado del diseño de buque de superficie con capacidad de sumergirse, hasta el verdadero submarino que navega constantemente debajo del agua y que es capaz de desarrollar altas velocidades mientras se mantiene silencioso.
El desarrollo, diseño y construcción de equipo para entrenamiento, debe basarse en el mismo criterio empleado en la construcción de un submarino nuclear. Porque los principios de la física implicados, son los mismos. Pensar de otra manera, es estar desconectado con la realidad.